Santa Marta en el filo de la falla: Dos sacudones que despertaron a la «Perla de América»
Por: Samir Manuel Zuñiga Montero
La rutina de una tarde cualquiera en Santa Marta se partió en dos. No con un estruendo, sino con un movimiento sordo y persistente que hizo tambalear no solo los edificios, sino también la tranquilidad de los samarios. Este miércoles, la tierra recordó, con dos temblores consecutivos, que la «Perla de América» se asienta sobre un territorio geológicamente vivo.
El primer aviso: Susto y desconcierto
Eran aproximadamente las 5:21 pm. En oficinas, hogares y centros comerciales, la primera sacudida, de magnitud preliminar 6.2 según el Servicio Geológico Colombiano, tomó a todos por sorpresa. No fue el vaivén ligero de un temblor común. Fue un movimiento más largo, más profundo, que generó una inmediata reacción de incredulidad seguida de alarma.
«Se movió todo, las lámparas se balancearon de una manera que nunca había visto», relató María González, una vecina del barrio Bastidas. En el centro histórico, el susto fue palpable. Turistas y locales salieron apresuradamente a las calles, mirando hacia los balcones y techos de las casonas coloniales, evaluando el riesgo. Las redes sociales estallaron en segundos: «¿Alguien más lo sintió?», «¿Fue temblor?», «¡Qué fuerte!». El instinto de confirmación y comunidad se activó de inmediato.
La réplica: El golpe psicológico
Justo cuando la ciudad empezaba a respirar, creyendo que todo había pasado, llegó el segundo evento. La réplica, a veces incluso más nerviosa que el primer movimiento, fue la confirmación de que esto no era un incidente aislado. Esta segunda sacudida fue a las 9:42 de la noche, aunque de mayor intensidad de magnitud 7.2, tuvo un impacto psicológico mayor. La sensación de vulnerabilidad se acrecentó. ¿Vendría otro? ¿Sería más fuerte?
La reacción: De la alarma a la solidaridad
Lo que siguió a los movimientos telúricos fue quizás lo más esperanzador. Bomberos, Defensa Civil y Policía Nacional realizaron recorridos de inspección para verificar posibles daños estructurales. Afortunadamente, hasta el momento, no se reportaron víctimas ni afectaciones graves. La eficacia de los organismos de socorro fue clave para calmar los ánimos.
Pero la verdadera solidaridad se vivió en las calles y en los grupos de WhatsApp. Vecinos chequeando el estado de los adultos mayores, amigos confirmando que todos estaban bien, mensajes masivos con las recomendaciones oficiales: mantener la calma, identificar zonas seguras y no saturar las líneas telefónicas.
Una lección que no debemos olvidar
Estos dos temblores son un recordatorio contundente. Santa Marta, por su ubicación, es una ciudad sísmica. Eventos como este no deben ser solo una anécdota que se comente al día siguiente. Deben servir como un llamado a la conciencia ciudadana y a la preparación institucional.
¿Tenemos un kit de emergencia en casa? ¿Sabemos cuál es el punto de encuentro familiar? ¿Conocemos las rutas de evacuación en nuestros lugares de trabajo? Hoy, la tierra nos dio un aviso. La pregunta es: ¿estamos realmente escuchando?
La mañana de hoy empieza con los samarios compartiendo sus experiencias, aún con los nervios de punta, pero con la certeza de que, ante la fuerza de la naturaleza, la unidad y la preparación son nuestro mejor escudo. La «Perla» tembló, pero no se quebró. Y de esta experiencia, debemos sacar una lección de resiliencia.
